Extraño mi vida pasada y me siento culpable

Extraño mi vida pasada. Ahí está. Lo admití. Tantos años deseando ser mamá, al fin lo soy, y casi a diario pienso con nostalgia en cómo eran mis días antes de la visita de la cigueña. Ya esos días son recuerdos lejanos, que recupero con dificultad en medio de amanecidas y llantos de mi Valentina.

¿Qué es lo más que extraño?

  • Dormir. Agarrar par de Zzzzzz corridas ya no se consigue con facilidad y, de haber logrado acomodar mi cabeza en la almohada, mi sueño es interrumpido por el llanto de hambre, sueño, frío, caca, lo que aplique, de la niña.
  • Comer en paz. Atragantarse la comida, a veces a temperatura ambiente, es ya ley de vida.
  • Descansar cuando estoy mal de salud. Mamá no cuenta con días por enfermedad. Mocosa, con tos, con migraña, con la espalda lastimada, hay que seguir adelante.
  • Tirarme en la cama luego de un largo día de trabajo. Sí, claro.
  • No tener que cocinar. Me zafé de esta muchísimas veces mientras la dieta de mi hija consistió de leche materna y/o fórmula. Ya la chica come alimentos sólidos...y ya me provoqué la primera, de lo que seguro serán muchas, quemaduras preparando la cena.
  • Ver lo que me de la gana en el televisor. Saludos a Mickey Mouse...
  • No cargar con un bolso. Detesto andar con bolso o cartera. Ahora ando con uno y con el bulto de pañales, bulto de comidas, la sabanita que decidí debería llevar pero que no cabe en el bulto, los juguetes favoritos para que se entretenga, y así seguimos.
  • Ir al cine y lograr ver la película. Llego al cine, pero el ver la película dependerá del mood de mi bebé.
  • Citas con mi esposo. A falta de babysitters, somos un trío o nos quedamos en la casa con Netflix.
  • No recibir golpes en el rostro. Obvio, no son a propósito. Suceden si la chica se emocionó y me zumbó con el peluche que tenía en su mano; si estaba jugando y no me vio; y/o si estaba dormida y se viró de momento. Son más divertidos cuando mamá está con migraña y de pronto, boom!
La lista es larga y no puedo evitar sentirme culpable, malagradecida y mala madre cuando me invade un breve deseo de regresar a lo que antes era mi realidad. Sin embargo, precisamente se trata de eso: un breve deseo. Mi niña es la luz de mis ojos, es mi corazón, y quien llena mis días de alegría y de propósito. Me ha costado asimilar que soy mamá, pero soy humana. Nos cansamos, nos frustramos, nos enojamos, y eso no nos hace malas madres. No existe una súper mamá, por más que haya quienes quieran atribuirse el título. Damos la vida por nuestros peques, pero en ocasiones vamos a fallar, perderemos las energías y hasta derramaremos lágrimas. ¡Normal! ¡Recuérdalo! ¡Y que nadie te haga sentir menos!


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