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Soy Mamá y se vale llorar

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Predicando la moral en calzoncillos?

Hay dos temas que evito tocar para evitar discusiones acaloradas: la política y la religión. La razón es obvia: cada cual tiene su apasionado punto de vista y lo defenderá con uñas y dientes, lo que podría resultar en enchismamientos. Sin embargo, con todo el respeto y sin espíritu de ofender a alguien, no puedo evitar emitir mi opinión sobre las protestas y contraprotestas que se han realizado en el Capitolio.

En primer orden, las manifestaciones iban dirigidas a las propuestas enmiendas a la Ley 54 de Violencia Doméstica. Las mismas buscan protejer a todas las parejas, sin importar su estado marital u orientación sexual. Sin embargo, ahora las manifestaciones se han convertido en un debate religioso/moral en torno a la homosexualidad versus la familia tradicional. Aquí está el problema: se perdió de vista el asunto en discusión y se convirtió en una batalla de "ideales".

jueves, 7 de febrero de 2013

En el olvido las personas de edad avanzada

No es secreto que una gran parte de la población de edad avanzada es "olvidada" por su familia. Al parecer los padres sirven para concebir, criar y velar por sus hijos pero muchos de éstos no devuelven el favor cuando sus progenitores alcanzan "la mayoría de edad". Sin embargo, una cosa es saberlo y otra muy diferente es VERLO con mis propios ojos.

Me encontraba junto a mi novio y mi papá visitando a mi mamá en un hospital del área metro tras una operación que, gracias a Dios, se completó sin complicaciones. Bromeaba con ella sobre el "scooter" que le esperaba cuando regresara a casa, cuando escuchamos a su compañera de cuarto quejarse de dolor. Inmediatamente la paciente, una dama de aproximadamente 80 años, decidió que no iba a permanecer en su camilla y que iba para el baño. La dama, según nos había comentado una de las enfermeras, llevaba sola desde horas de la mañana.

Cuando entendimos que su intención era seria, y ya comenzaba a esforzarse por bajarse de su camilla, mi marido acudió a su lado mientras yo presionaba el botón para que viniera alguna enfermera al cuarto. La señora montó tremendo berrinche, quería bajarse, y ni mi novio, ni las DOS enfermeras que acudieron a su auxilio, podían tranquilizarla. El dolor y los medicamentos la mantenían en un leve estado irracional. Se quejaba de frío, pues nadie le había llevado ropa, estaba desnuda con sólo la sábana delgada y blanca, que son la norma del hospital, cubriendo su cuerpo.

Luego que amenazó a mi "gordo" con propinarle una golpiza y le cuestionó qué hacía parado a su lado, nos intercambiamos y fui yo a agarrarle la muñeca para que no "atacara" a nadie y a tratar de razonar con ella. Tras amenazarme a mí también, y luego que llegó una tercera enfermera, las dejé que bregaran con el asunto por miedo a que mi presencia, la de una desconocida, no ayudara en nada al asunto.

Con ojos aguados, regresé al lado de mi mamá, en medio de un tenso silencio mientras escuchamos las protestas y amenazas de la señora, y a una de las enfermeras comentar que no lograban contactar a la familia. Finalmente, otra enfermera llegó a la habitación e informó que lograron comunicarse con la hija, que ésta "iba a hacer las gestiones" para visitar a su madre y que se supone que el hijo "hubiese llegado hace dos horas".

Una hora después, mi novio y yo nos fuimos para la casa de mi papá y aún nadie había llegado a visitar a la señora. Dos horas después, ya caída la noche, mi papá llega a la casa y nos dice que justo cuando se despedía de mi mamá por el día, fue que llegó la hija a cuidar de su progenitora recién operada.

Todavía tengo grabada en mi mente la imagen de esa pobre señora, sola, adolorida y desnuda, esperando todo el día porque alguien de su familia por lo menos le lleve una batita o una frizita para espantar el imperdonable frío de un cuarto de hospital.